Considerada una leyenda del flamenco, actualmente está en Nueva York recogiendo el premio a Master of Mediterranean Music que concede la prestigiosa universidad de Boston.

Nacida en Linares (Jaén) ha conquistado por méritos propios un lugar privilegiado en el mundo del flamenco, habiéndose convertido en una de las artistas más reclamadas y con más proyección internacional del cante actual.

Si Carmen es un pilar fundamental de todo el cante actual, también es quien mejor ha sabido transmitirnos la herencia de una tradición femenina de la jondura que ya estaba, como es natural, en los mismos orígenes del cante jondo. Más quien canta es Carmen Linares. No copia, aporta su acento, su intensidad interpretativa, para poner al día un legado musical y literario de primera magnitud.

Ella es la reina del flamenco y no es gitana. En sus inicios, no lucía las flores típicas del vestuario de las cantaoras y rompió estereotipos. Cantaba sentada, como los hombres, por ejemplo. En esa carrera tan rica también ha influido que Carmen Linares forma parte de una de las generaciones más brillantes: Paco de Lucía, Camarón, Tomatito, Enrique Morente…

La voz de Carmen Linares, llena de matices y tonalidades y su búsqueda constante de nuevas formas de expresión, ha evolucionado en un arte enriquecedor capaz de combinar el cante jondo con agrupaciones de cámara y orquestas sinfónicas. Ha sido una de las primeras artistas flamencas que, invitada por la Orquesta Filarmónica de Nueva York, actuó en el Lincoln Center. El diario The New York Times la calificó de cantante con «un poder expresivo extraordinario». Junto a directores de la talla de Frühbech de Burgos, Josep Pons y Leo Brower se ha presentado cantando «El amor brujo» y «La vida breve» en el Teatro Colón de Buenos Aires, en el Teatro Ópera de Sydney y en el Gran Teatro de Córdoba.